sábado, 17 de julio de 2010

"La Orden del Finnegans", de Enrique Vila-Matas y otros



Complemento prescindible pero muy aconsejable de "Dublinesca", el libro es un pequeño conjunto de textos escritos por quienes se autoproclaman Caballeros de la Orden del Finnegans, es decir, Enrique Vila-Matas y amigos, que siguen divirtiéndose y divirtiéndonos en nombre de la mejor literatura actual. Si Javier Marías tiene su Reino de Redonda, porqué no crear una Orden de Caballería propia, en honor del Ulysses de Joyce.

En cuanto a la Orden, según su página oficial, sus normas son estrictas. Su único propósito es la veneración de la novela de Joyce. Los miembros de la orden se obligan a venerar la obra y acudir a Dublín en Bloomsday (16 de Junio), en una jornada que acaba en Torre Martello (donde se inicia la novela) , para leer unos fragmentos. Tras ese acto caminan hasta el pub Finnegans en la vecina población de Dalkey, donde dan fin a su acto anual. Los caballeros actuales, firmantes de textos en el libro, son Eduardo Lago, Antonio Soler, Enrique Vila-Matas, Jordi Soler, Malcolm Otero Barral y el último incorporado, José Antonio Garriga Vela. Cada año se puede añadir un miembro, siempre que 4/5 de los caballeros de la orden así lo acepten. Casi cualquier motivo puede ser motivo de expulsión. Y su lema es la última frase del capítulo sexto del Ulises, el de la visita al cementerio:

"Gracias. ¡Qué grandes estamos esta mañana! (Thank you. How grand we are this morning!)"



Sólo para fanáticos de Joyce y/0 de Vila-Matas & friends. Divertido.





Links:


A la página oficial de la Orden:




A un artículo apasionado sobre la genial fotografía de Marilin:






martes, 13 de julio de 2010

"Trilogía de Nueva York", de Paul Auster



Primera aproximación al mundo de Paul Auster. Me deja sensaciones contradictorias. Tiene una prosa hipnótica. Te engancha y te hace avanzar pese a que la historia que te está contando, a veces te expulsaría, te dejaría atrás. Escribe muy bien, francamente bien. Y sin embargo, las historias resultan poco creíbles, o mejor, a veces resultan excesivas. Necesita demasiado tiempo para generar ese deslizamiento entre la realidad y lo absurdo que, por ejemplo, un Cortázar resolvía en apenas unas líneas. Sin embargo, reitero que engancha, y la mejor prueba es que después de esta primera trilogía he leído algunos títulos más que iré comentando, y que me confirman esa idea de que estamos ante un gran escritor.

Pero volviendo atrás, y para situarnos, hay que recordar para quien no lo conozca, que Paul Auster es un escritor americano nacido en 1947. Ha tenido un enorme éxito en su país, pero casi diría que más aún en Europa, en particular en Francia y en España, donde fue Premio Príncipe de Asturias de las Letras en 2006. Aquí goza del entusiasmo y complicidad de algunos autores significativos, y por ejemplo, es uno de las referencias constantes de nuestro Vila-Matas. Después de una biografía personal complicada, la Trilogía de Nueva York, publicada inicialmente en tres partes entre 1985 y 1986, constituye su primer gran éxito y supone su reconocimiento internacional.


La Trilogía está formada por tres relatos, “Ciudad de cristal” , “Fantasmas” y “La habitación cerrada”. La primera historia está construida a partir de una llamada telefónica equivocada, que además se basa en un hecho real que le sucedió al escritor. Alguien llama, buscando a un detective llamado Paul Auster, a un escritor de novelas detectivescas llamado Daniel Quinn. Y esa equivocación da lugar a una historia compleja, a mitad camino entre la serie negra y la novela del absurdo, con múltiples niveles de realidad que se entremezclan, en el que por ejemplo, vuelve a aparecer un Paul Auster escritor. El juego de niveles entre realidad y ficción es permanente y realmente da juego en todo el relato. Además, la historia es a su vez, una reflexión sobre el propio proceso narrativo, en el que se incorpora un homenaje explícito a Cervantes, pues no casualmente las iniciales del protagonista son las de Don Quijote.



La segunda historia, “Fantasmas”, cuenta la historia de un detective que tiene que investigar a otro detective, y que a su vez, acabará siendo el objetivo, en un relato cada vez más confuso y absurdo.


Finalmente, “La habitación cerrada”, para mí el mejor relato de los tres, el más maduro, narra el encuentro de un novelista con el entorno de un amigo de su juventud, también escritor, y el progresivo proceso de suplantación o identificación de personalidad que se desencadena a partir de ese momento.




Todas las historias presentan una apariencia atractiva de novela de suspense que se desliza lentamente a un ambiente casi kafkiano, surrealista, en el que Auster procede a dar progresivamente nuevas vueltas de tuerca a la narración.


Vuelvo a las impresiones iniciales. Auster escribe muy bien. No sé si es el ritmo o la construcción de las frases, pero atrapa. Y si se le añade el uso del suspense como elemento adicional para jugar con la realidad, acaba generando una mezcla atractiva. Pese a todo, al menos estas primeras novelas me parecen inmaduras, en particular “Fantasmas”, la que menos me ha gustado, la más aburrida o absurda de las tres. Pero en “Ciudad de cristal”, aunque aún de forma más artificiosa, y sobre todo en “La habitación cerrada”, de manera más natural, se apunta un gran escritor, capaz de descubrirnos una nueva mirada sobre nuestra realidad cotidiana.



Links: A la página web casi-oficial de Auster:


A un artículo de El País, sobre el primer encuentro entre Auster y Vila-Matas:


lunes, 12 de julio de 2010

We are the champions...........



Dejadme que reproduzca lo que escribía ayer Javier Marías en El País, antes del gol de Iniesta:


"HOY ES SOLO HOY"


La situación es tan insólita que ni siquiera sabemos bien cómo vivirla. Hace doce años, cuando el Real Madrid podía conquistar su séptima Copa de Europa, escribí aquí un artículo titulado “Hoy no sólo hoy”, en el que decía que también era cada uno de los lejanos días de infancia en que mi equipo favorito había disputado el mismo título, con Di Stéfano, Zárraga, Puskas, Gento o Velásquez. Hoy, en cambio, no puede ser más que hoy, porque España jamás había aspirado a una Copa del Mundo, ni siquiera a una semifinal. Carecemos de referencias y, en contra de lo que es frecuente en el fútbol, no podemos apoyarnos en ninguna situación pasada que ni remotamente se le asemeje. Nuestros rivales sí, pues su inolvidable selección de 1974, con Cruyff a la cabeza, perdió inmerecidamente la Final de aquel año ante el anfitrión, Alemania, y, ya sin Cruyff, en 1978, volvió a perderla ante otro anfitrión, Argentina, y ante la dictadura militar de aquel país, que tanto manipuló su Mundial. Por eso se viene insistiendo en que el fútbol tiene una deuda con Holanda, que hoy por fin se saldará.


Lo lamento, pero no creo que vaya a ser esta la ocasión, precisamente por una cuestión de justicia: no sería justo que aquellos extraordinarios Cruyff, Neeskens, Rep, Rensenbrink, sigan sin su título por toda la eternidad -así será en todo caso- y en cambio lo posean quienes no son sus herederos en el juego, aunque sí lo sean en la camiseta. Más herederos de su concepción del fútbol veo a sus rivales de hoy: Xavi, Iniesta, Villa, Ramos, Puyol, Piqué, Alonso, Casillas y demás. Si bien, desde mi memoria, éstos lo sean todavía más de otro equipo latino no lo suficientemente apreciado: la Italia de 1982, la de Paolo Rossi y Tardelli, que, si no dominaban el juego como la España actual, sí eran capaces de pasarse el balón cerca o dentro del área con las mismas precisión y fatalidad para el contrario. Ya lo ven: hay que buscar referencias ajenas porque no vislumbramos ninguna propia.


Quienes desdeñan el fútbol y lo ven como cosa de “hordas” no parecen haberse parado mucho a pensar en la alegría o tristeza desinteresadas que provoca en millones de personas a la vez. Que un equipo gane o pierda no nos va a cambiar a ninguno la vida: al que le vaya mal le seguirá yendo mal y el que sea feliz no verá mermada por una derrota su felicidad esencial. Nadie será más rico ni más pobre por eso, nadie saldrá del paro ni ingresará en él. Y sin embargo, en qué pocas ocasiones salta la gente de júbilo al mismo tiempo, o baja la cabeza con melancolía y dignidad. El efecto de la victoria o de la derrota no es duradero, digamos que se desvanece a las cuarenta y ocho horas. Más o menos como el efecto que nos produce la visión de una gran película, o la lectura de una deslumbrante novela, o escuchar una música sobrecogedora, o la contemplación de un cuadro turbador. Tampoco en el arte nos va ni nos viene, respecto a nuestra vida personal. Abrimos la cubierta de un libro, se apagan las luces de un teatro o de un cine, y sabemos que aquello no nos atañe de veras, que nos prestamos a una convención. La emoción que experimentamos es también desinteresada, y la exultación o la desolación que sentimos a su término son sólo simbólicas, vicarias y artificiales, pero a veces más punzantes que las de la vida real. No podemos desdeñarlas.


Hoy nos espera lo uno o lo otro, exultación o desolación. Tengo para mí que será lo primero. Precisamente por carecer de referencias pasadas, España llega a esta Final con la confianza de los inocentes, que además de “libres de culpa”, significa “que desconocen una cosa”. Desconocemos esa alegría máxima e incluso su posibilidad, luego no podremos echarla de menos ni comparar con “aquella otra vez”. También hay algo inocente en nuestros jugadores y en nuestro seleccionador: de hecho, Del Bosque resulta conmovedor en su honradez, en su modestia y en su educación. Él es el primero en saber que hoy es sólo hoy, que nunca ha habido un antes y que la alegría está intacta y nueva, todavía por estrenar.


JAVIER MARÍAS
El País, 11 de julio de 2010

viernes, 9 de julio de 2010

"El corazón de las tinieblas", de Joseph Conrad


No había leído el libro de Conrad. Tenía la referencia siempre de “Apocalipsis Now”, pero no conocía la novela en que se basa la magistral película de Coppola. Y ahora me resulta imperdonable haber tardado tanto tiempo en descubrirla. Impresionante. Genial.



“Heart of darkness” fue publicada por primera vez en 1899, en tres entregas, para celebrar el número 1000 de una revista inglesa, “The Blackwood’s Magazine”. Y se reeditó por primera vez en libro en 1902, en un volumen titulado “Youth” (Juventud), junto con dos novelas más de Conrad. Hoy, la primera edición del libro se cotiza a casi 3,000 €.


Pese al tiempo transcurrido, la novela es absolutamente moderna. Siempre digo que los libros son como los vinos, que algunos mejoran con los años y otros en cambio, envejecen muy mal. La historia de Marlow remontando el río Congo en busca del misterioso Kurtz, se convierte en un viaje iniciático hacia el corazón de la selva y hacia las tinieblas del corazón humano. Más allá del contexto colonialista en el que se inserta, la novela se convierte en un auténtico manifiesto contra el mito de la naturaleza idílica del ser humano.

Algunos pasajes son tan expresivos que uno se imagina navegando en medio de una selva primigenia, brutal y hermosa a la vez:

“Remontar aquel río era regresar a los más tempranos orígenes del mundo, cuando la vegetación se agolpaba sobre la tierra y los grandes árboles eran los reyes. Un arroyo seco, un gran silencio, un bosque impenetrable. El aire era cálido, espeso, pesado, perezoso. No había júbilo alguno en la brillantez de la luz del sol.”

O mejor aún en versión original:

“Going up that river was like traveling back to the earliest beginnings of the world, when vegetation rioted on the earth and the big trees were kings. An empty stream, a great silence, an impenetrable forest. The air was warm, thick, heavy, sluggish. There was no joy in the brilliance of sunshine.”

O más adelante:

“En cuanto a mí, el escarabajo se arrastraba exclusivamente hacia Kurtz. Pero cuando el casco comenzó a hacer agua nos arrastramos muy lentamente. Aquellas grandes extensiones se abrían ante nosotros y volvían a cerrarse, como si la selva hubiera puesto poco a poco un pie en el agua para cortarnos la retirada en el momento del regreso. Penetramos más y más espesamente en el corazón de las tinieblas.”

Después, la famosa imagen de la muerte de Kurtz, que irremediablemente me trae a la cabeza a un grandioso Marlon Brando:

“Gritó en un susurro a alguna imagen, a alguna visión, gritó dos veces, un grito que no era más que un suspiro: '¡Ah, el horror! ¡El horror!'


Últimas palabras que en la novela aún cobran un sentido más amargo. Casi al final de la historia, Marlow visita a la prometida de Kurtz. Y aquí aparece la mentira de la civilización frente al horror de la historia real. Si preferís leer la novela no sigáis leyendo:

"- 'Oí sus últimas palabras...' Me detuve lleno de espanto.

- 'Repítalas', murmuró con un tono desconsolado. 'Quiero... algo...
algo... para poder vivir.'

Estaba a punto de gritarle: '¿No las oye usted?' La oscuridad las
repetía en un susurro que parecía aumentar amenazadoramente como el
primer silbido de un viento creciente. '¡Ah, el horror! ¡El horror!'

- 'Su última palabra... para vivir con ella', insistía. '¿No comprende
usted que yo lo amaba... lo amaba?'

Reuní todas mis fuerzas y hablé lentamente.

- La última palabra que pronunció fue el nombre de usted.' "



El horror y la necesidad de la civilización para seguir viviendo. Un libro de verdad imprescindible.

Para acabar , vuelvo a Apocalipsis Now, ese inicio brutal con la música hipnótica de Jim Morrison: "The end". Lo mejor que se puede decir de la película, sin duda, es que está a la altura de la novela.






martes, 6 de julio de 2010

"Asesinato de calidad", de John Le Carré


Segunda de las novelas del autor y segunda aparición de Smiley. Es una historia sin espías, más detectivesca, basada en la investigación del asesinato de la mujer de un profesor, y enmarcada en el ambiente de los colegios exclusivos y tradicionales ingleses. Con pequeñas dosis de ironía y humor británico. Constituye junto con la anterior, la introducción al ciclo de Smiley, y resulta también algo inmadura y tentativa, en busca aún de la voz narrativa propia, que ya aparece con fuerza en “El espía que surgió del frío”. Me gusta más la "Llamada para el muerto".

Aprovecho para dejar constancia que he leído estas dos novelas y la de Calvino en libro electrónico, y cada vez encuentro menos diferencia a leer en un medio o en otro. El único problema es que leer así no me quita la adicción a querer comprar, poseer, el libro físico.







Os dejo con el consabido enlace a la Wiki en inglés, con más detalles de la novela:

sábado, 3 de julio de 2010

"Llamada para el muerto", de John Le Carré


Hace un tiempo publiqué una nota sobre “El espía que surgió del frío”, la tercera novela de Le Carré y su primer gran éxito. Me apetece recuperar su obra, que en su día leí de forma salteada e incompleta. Esta “Llamada para el muerto” es la primera novela de David John Moore Cornwell, su verdadero nombre, nacido el 19 de Octubre de 1931, y que como es conocido, trabajó durante los años 50 y primeros 60 para los servicios de espionaje británicos, el MI5 y el MI6, trabajo que abandonó tras su éxito como escritor.

La novela es también la primera aparición de George Smiley, el gran protagonista de toda la primera etapa de su obra, al que por cierto, no podré nunca desligar de la imagen de Sir Alec Guinnes en las dos series que protagonizó para la BBC. La obra es una historia a mitad camino entre la novela de espías y la serie negra, y resulta deliciosamente inmadura.





El Capítulo primero se llama precisamente "Breve historia de George Smiley" y el inicio, que describe perfectamente al personaje, me parece que anuncia ya a un gran escritor:

"Cuando lady Ann Sercomb se casó con George Smiley, hacia el final de la guerra, lo describió a sus asombrados amigos de Mayfair como «tremendamente vulgar». Cuando, dos años después, lo abandonó por un cubano, campeón de carreras automovilísticas, declaró enigmáticamente que si no le hubiera dejado entonces nunca habría sabido cómo hacerlo."

Y pocas líneas más abajo, Le Carré, al describir como la partida de Lady Ann supuso que efectivamente, algo de Smiley murió, hace una declaración de principios sobre lo que después será la naturaleza más profunda de sus novelas, la ocasión de hacer incursiones en el misterio de la conducta humana:

"La parte de Smiley que sobrevivió era tan ajena a su aspecto físico como el amor, o como su afición a los poetas olvidados: era su profesión, a saber, agente de espionaje. Era una profesión con la que disfrutaba, y que, piadosamente, le proporcionaba colegas tan oscuros como él en cuanto a personalidad y orígenes. También le proporcionaba lo que, en otros tiempos, le había interesado más que nada en la vida: la ocasión de hacer incursiones teóricas en el misterio de la conducta humana, disciplinadas por la aplicación práctica de sus propias deducciones."

Una vez leída, tengo la sensación de haber visto la película basada en el mismo argumento, pero no estoy seguro del todo. La filmó Sidney Lummet en 1967 y se estrenó con el título de "The deadly affair", y cambiando hasta el nombre de los protagonistas, porque el uso del nombre de Smiley se había vendido junto con los derechos de la película sobre "El espía...". Os dejo un enlace al trailer, por si alguien la recuerda con más precisión.

http://www.tcm.com/mediaroom/index.jsp?cid=34644

Y también el enlace al artículo de la Wikipedia en inglés, que proporciona una buena síntesis de la novela:






jueves, 1 de julio de 2010

"El vizconde demediado", de Italo Calvino


Primer volumen de la trilogía “Nuestros antepasados”. No lo leí en su día y ha sido un pequeño placer descubrirlo ahora. El vizconde Medardo queda partido por la mitad por una bala de cañón. Pero no solo quedará demediado en lo físico, sino que en una de sus dos mitades se alojará el bien y en la otra el mal. Pero no todo será tan simple como parece, porque también un exceso de buenismo puede resultar contraproducente.

En el prólogo a la que fué la primera obra no realista del autor, Calvino escribe: "Cuando empecé a escribir El vizconde demediado quería ante todo escribir una historia entretenida para entretenerme yo mismo, y, si acaso, para entretener a los demás; tenía la imagen de un hombre partido en dos y pensé que ese tema del hombre partido en dos, del hombre demediado, era un tema significativo, con significación contemporánea: todos nos sentimos de alguna manera incompletos, todos realizamos una parte de nosotros mismos y no la otra [...] Para diferenciar las dos mitades, me pareció que con una mala y con otra buena conseguía el mayor contraste".

A ratos divertida, a ratos cruel, “El vizconde demediado”es una fábula moral y tal vez política, que vale la pena leer. Habrá que seguir con los otros dos títulos de la trilogía: “El barón rampante” y “El caballero inexistente”.