viernes, 11 de septiembre de 2009

"La leyenda del santo bebedor", de Joseph Roth



Mientras avanzo lentamente por las páginas de "Vida y destino" (ya he cruzado el Rubicón), he leído en un par de ratos esta obrita legendaria de Joseph Roth, ubicada en el París de los 30.

Como dicen ahora en la red, 'atención, este post contiene spoilers', o sea, que si leéis hasta el final de esta nota, os puedo pisar el final de la novela. Y aviso además de que el prólogo de Carlos Barral, magnífico alegato a favor del alcohol y la bebida, revela también el desenlace, así que mejor leerlo como epílogo.


Moses Josep Roth fue un novelista y periodista nacido entre Austria y Ucrania en 1894, de origen judío. Falleció en París en 1939, adonde huyó exiliado a causa de la persecución nazi. Buen conocedor de la historia del imperio austrohúngaro, escribió sobre el mismo su obra más famosa, La marcha Radetzky. En el último año de su vida, en el París de preguerra, consumido ya por el alcohol y enfermo, pero cada vez más lúcido, como recoge en una frase que acompaña uno de sus retratos más conocidos, escribe esta pequeña novela, que tiene algunos elementos autobiográficos.




Die Legende vom heiligen trinker (La leyenda del santo bebedor) cuenta la historia de Andreas Kartak, un clochard que vive bajo los puentes del Sena y que recibe doscientos francos de un desconocido con la única obligación de devolverlos, cuando pueda, a la santa Teresita de Lisieux en la iglesia de Sainte Marie des Batignolles. El libro va contando los vaivenes del protagonista, que va de milagro en milagro y de taberna en taberna, en un ir y venir continuo que lo lleva varias veces a estar a punto de cumplir su compromiso, y que lo aleja una y otra vez, seducido por los placeres del buen beber, hasta un final sencillo y entrañable.

El relato tuvo una la versión filmada por el director Ermano Olmi: La Leggenda del santo bevitore, con Rutger Hauer (Blade Runner) de protagonista, que no he visto.

La novela acaba con una frase que se hizo muy popular como brindis:
"Gebe gott uns allen, uns trinkern, einen so leichten und shönen Tod. / Denos Dios a todos nosotros, bebedores, tan liviana y hermosa muerte."

Siendo una obra menor, tanto por su duración como por su contenido, es una historia preciosa que vale la pena recuperar.

Links: A una escena larga de la película, prácticamente el final, en inglés: http://www.youtube.com/watch?v=40W655AnIWU&feature=related

5 comentarios:

SUSANA dijo...

Encantadora propuesta, mi Estimado Amigo!

No conocía esta obra de Joseph, y desde ya, tiene mi simpatía y con toda seguridad la búsqueda del libro.

Graciasssssss por otra reseña provocativa!

Un abrazo Fab!

Cornelivs dijo...

Tomo buena nota.

Un abrazo.

Gww dijo...

Como comentas, es una obra muy recomendable por lo entrañable que se hace ese protagionista tan volátil y simpático al tiempo.

Es curioso que el final del imperio austro-húngaro diera lugar a tantos autores y obras de elevada calidad. Como ocurrió en la España del Siglo de Oro, parece que la decadencia es uno de los mejores caldos de cultivo para el talento artístico.

Un saludo y un placer visitar este blog.

Francisco Ortiz dijo...

Me parece una buena elección. Y algunos dicen -muy amantes de este escritor-que todo lo suyo es bueno, así que mejor aún.

asasas dijo...

Depuniet:

Despues de comentarios, alejados del prólogo del autor, que menciona el vino y su vinculo con la iglesia, nada que ver con la comparativa de Europa en tiempos impertérritos, que no hace acto de contener el valor del protagonista bajo ninguna declaración
Más que claro el nivel espiritual del autor, muchos captaron el mensaje pero inmersos en sus miedos a si mismos como al comentario ajeno, no dejaron la estampa de la realeza que sintieron. Cayendo en la misma trampa que representa la novela, el despertar del consumismo, y avandonando el nivel espiritual que se nos fue embargado al nacer, el que despierta el vino a golpe de muñeca el autor. Su comentario final pone broche, a la liberación del espiritu, recibiendo el protagonista en un sentimiento el ataque de un amor colosal llevando al estado cuspide en espasmos desbordado. Éste le gustaria fuera de acción copiosa y repetitiva hasta la saciedad por todas las gentes, y al mismo tiempo no es capaz de demostrar la gratitud o al menos el reflejo de lo encontrado, a sabiendas que una sociedad material, así tan invisible como los mercados internacionales, hoy en la bolsa discriminan al el resto de sociedad y manejan intereses con valores virtuales, como el dinero que tu banco te ofrece en el préstamo hipotecareo, solo que éste ni fue suyo ni existio nunca, se fabrico para tí, antonimo del sentimiento que ya fue inventado.

Att Uno más.