viernes, 29 de octubre de 2010

"El horizonte", de Patrick Modiano



Cierro el triángulo francés. Después de Echenoz y Michon, el último Modiano. Ya he dejado escrito el descubrimiento que supuso para mí el magnífico "En el café de la juventud perdida". Lo mejor que puedo decir aquí es que "El horizonte" está a la altura del título anterior.

Un escritor, Jean Bosmans, trata de encontrar los recuerdos de una mujer, Margaret Le Coz, que conoció hace treinta años, en un encuentro fortuito en el metro, huyendo de una manifestación, y que le marcó la vida. En un París difuso, oscuro, poco definido, como me parece habitual en las obras de Modiano, asistimos a la reconstrucción de la relación de los dos personajes, ambos fugitivos de un pasado apenas esbozado por Modiano, aunque más preciso en el caso de la mujer. Asistimos a la relación de ambos por las calles y parques de la ciudad, a sus silencios, a sus complicidades y a sus inseguridades. Hasta que en un momento en el tiempo se produce la ruptura que marcará la distancia de treinta años. Pero a veces las marcas son lo suficientemente profundas para que haya que seguir buscando, en otro tiempo e incluso en otra ciudad. No vale la pena contar más porque realmente lo que vale de la historia es la escritura, esa tenue escritura que Modiano utiliza magistralmente para dar credibilidad a un relato que en otras manos podría llegar a sonar irreal o irrelevante. Modiano, por contra, transmite tristeza y melancolía, pero también y sobre todo, belleza y esperanza.

Le dejo hablar:

"Las palabras con que llenaba la libreta le recordaban el artículo acerca de la 'materia oscura' que había enviado a una revista de astronomía. Tras los acontecimientos concretos y los rostros familiares, era muy consciente de todo cuanto se había convertido en materia oscura: breves encuentros, citas fallidas, cartas perdidas, nombres y números de teléfono que aparecen en una aenda antigua y hemos olvidado, e incluso las personas con quienes nos cruzamos sin darnos cuenta siquiera. Igual que en astronomía, esa materia oscura era más dilatada que la parte visible de la vida de uno. Era infinita. Y él escribía en la libreta el repertorio de unos cuantos destellos en lo hondo de aquella oscuridad. Unos destellos tan débiles que cerraba los ojos y se concentraba, buscando un detalle evocador que le permitiese reconstruir el conjunto, pero no había conjunto, sólo fragmentos, partículas de polvo de estrellas."


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"Muchos años después, se vió otra vez por casualidad en aquella calle Bleue y una idea lo dejó clavado en el suelo: ¿podemos estar realmente seguros de que las palabras que dos personas han cruzado durante su primer encuentro se hayan desvanecido en la nada como si nunca las hubiera pronunciado nadie? ¿Y ese susurro de voces, esas conversaciones telefónicas desde hace alrededor de cien años? ¿Esos miles de palabras cuchicheadas al oído? ¿Todos esos jirones de frases tan intrascendentes que están condenadas al olvido?"

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"No llevaba pluma ninguno de los dos, ni papel para apuntar las señas, pero Bosmans la tranquilizó: nunca se le olvidaban los nombres de las calles ni los números de las casas. Era la forma que tenía él de luchar contra la indiferencia y el anonimato de las grandes ciudades, y quizá también contra las incertidumbres de la vida."

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 "Lejano Auteuil... Miraba el planito de París que venía en las dos última hojas de la Molesquine. Siempre se había imaginado que podría encontrar, en lo hondo de algunos barrios, a las personas a quienes había conocido en la juventud, con la edad y el aspecto de antes. Llevaban en ellos una vida paralela, resguardados del tiempo... En los pliegues secretos de aquellos barrios, aún vivían Margaret y los demás como eran por entonces. Para llegar a ellos, había que conocer pasadizos secretos que cruzaban por los edificios, calles que parecían a primera vista callejones sin salida y no venían en el plano. En sueños, sabía como llegar partiendo de tal estación de metro concreta. Pero, al despertarse, no sentía ya la necesidad de comprobarlo en el París real. O, más bien, no se atrevía."

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 "Prefería quedarse en aquel barrio. Le parecía que estaba llegando a una encrucijada de la vida, o más bien a una linde desde la que iba a poder lanzarse hacia el futuro. Por primera vez tenía en la cabeza la palabra porvenir; y otra palabra: horizonte. Aquellas noches, las calles desiertas y silenciosas del barrio eran líneas de fuga que desembocaban todas en elporvenir y en EL HORIZONTE"

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 "Iba por la Dieffenbachstrasse. Estaba cayendo un chaparrón de verano cuya violencia iba menguando a medida que caminaba al amparo de los árboles. Durante mucho tiempo pensó que Margaret había muerto. Pero no hay razón para pensarlo, no, no hay razón. Incluso el año en que nacimos los dos, cuando esta ciudad, vista desde el cielo, no era ya sino un montón de escombros, entre las ruinas florecían las lilas al fondo de los jardines."


Para acabar, no me puedo olvidar esta vez de resaltar la magnífica traducción de Maria Teresa Gallego, traductora también del libro de Michon. Si la traducción es siempre importante, lo es más aún en libros como éstos.



Links: A la página de lo que se conoce en francés como red Modiano, llena de recursos y enlaces sobre sus obras:

http://reseau-modiano.pagesperso-orange.fr/l_horizon_roman_de_patrick_modiano.htm

3 comentarios:

SUSANA dijo...

Una vez más, no hay temas pequeños, inferiores o intrascendentes. Hay o no, buenos escritores, como en este caso. Interesarnos, inmiscuirnos, llevarnos a creer situaciones inimaginables, fantásticas o imposibles, es labor de gentes que conocen su oficio.

Los bocados de Modiano que muy acertadamente elegiste y compartís con nosotros, provocan ir por más!

Y con Vos, Amigo, la tarea del traductor/a, es fundamental. Y merece el párrafo aparte.

Caramba...suena tan loco y atractivo al mismo tiempo, el argumento de "El Horizonte", sip, me gusta!

Mi Abrazo y Agradecimiento!

Goizeder Lamariano Martín dijo...

No conocía ni el libro ni el autor pero me has picado la curiosidad con tu magnífica reseña y me han entrado ganas de leerlo. La historia tiene muy buena pinta y parece que es de los que engancha no sólo por el argumento, sino también por la forma de narrar y eso es doblemente bueno. Un abrazo.

Cuéntate la vida http://cuentatelavida.blogspot.com

Isabel Romana dijo...

Un abrazo muy fuerte, querido amigo.