domingo, 24 de octubre de 2010

"Los once", de Pierre Michon


De nuevo Pierre Michon. También unas 140 páginas de excelente prosa. El último libro publicado en Francia por el autor y recién traducido por Anagrama que este trimestre ha realizado un verdadero despliegue de la mejor literatura francesa actual. Ya he comentado el magnífico "Correr" de Jean Echenoz. Y junto a este "Los Once" de Michon, completa la trilogía el último Modiano, "El horizonte", que acabo de empezar.

El libro de Michon es una joya. El título corresponde a un cuadro del Louvre, Los once, pintado por François-Élie Corentin, dedicado a los once miembros del Comité de Salvación Pública que rigieron el destino de Francia en 1794, en el año II de la Revolución, en el período que conocemos como el Terror. Billaud, Carnot, Prieur, Prieur, Couthon, Robespierre, Collot, Barère, Lindet, Saint-Juste y Saint-André. Una Sagrada Cena laica.




El relato se estructura en dos partes, la primera dedicada a narrarnos la biografía de Corentin, discípulo de Tiépolo ("Era de corta estatura y reservado, pero llamaban la atención su silencio febril, su buen humor taciturno, sus modales, ora arrogantes ora sesgados, hay quién dijo que torvos."). Nacido en Combleux, en 1730, cerca de Orleans, Michon nos cuenta sus orígenes familiares, sus antepasados y su educación. Ya en la segunda parte, el autor se centra plenamente en el cuadro, en su encargo, en su motivación, y finalmente en su descripción y en su crítica.

El libro está escrito todo el tiempo con un lenguaje profundamente pictórico, al estilo Michon, pero incluyendo una reflexión social, histórica y política profunda. Por ejemplo es genial la idea de que el cuadro, cuando se encarga es un comodín. Si Robespierre ganaba, se sacaría a la luz como prueba innegable de su poder y grandeza, y como muestra de homenaje y respeto por quién lo había encargado. Por contra, si caía, se haría creer que había sido el propio Robespierre quién lo había solicitado, como muestra de su ambición tiránica.

Lo mejor de todo es que, pese a la profusión de detalles que nos traslada Michon tanto del autor como del cuadro ("Cuatro metros coma treinta por tres, algo menos de tres"), ni uno ni otro existen. Ni Corentin existió, ni existe ningún cuadro denominado Los Once. Y sin embargo, al acabar el libro, uno tiene incluso la sensación de que pudo verlo la última vez que pasó por el Louvre, allí junto a los cuadros de Jean Louis David, pudo ver "el cuadro tan improbable, que tenía cuanto era preciso para no ser."

No puedo evitarlo, pero todo lo que leo de Michon me parece absolutamente excepcional.

7 comentarios:

Maite dijo...

Perdón, traducido por Anagrama, no, publicado por Anagrama.
las editoriales no traducen. Las editoriales publican traducciones.

Golem dijo...

Maite:

Mis disculpas. Tienes toda la razón. La traducción es de María Teresa Gallego Urrutia (¿Maite?) y me parece también magnífica. Traducir a Michon no es un ejercicio fácil.

Saludos

Maite dijo...

Traducir a Michon es un regalo en la vida de un traductor.
Gracias por responder a mi comentario.

Maya dijo...

¡Muchas gracias por la reseña! El libro aun no ha llegado a México, hasta donde he podido ver en las librerías, pero me intereso frecuentemente por Anagrama. Poder leer las opiniones de otros lectores hace la tarea de buscar el próximo libro a leer mucho más grata. ¡Saludos!

lireaujardin dijo...

De Michon j'ai été éblouie par "Vies minuscules", et je m'étais promis de lire "Les onze" : je ne l'ai pas encore fait, merci de le rappeler à ma mémoire...

J'ai pu lire votre article grâce au traducteur google présent sur votre site, je sais que c'est une traduction très approximative mais j'ai pu en comprendre l'essentiel, je pense...

Je retrouve ici des écrivains qui me tiennent à coeur également. Vous me direz pour "L'horizon" de Modiano : comme je n'en ai pas encore fait la critique sur mon blog, je ne vous dis rien de ma lecture, nous pourrons comparer nos impressions sans s'influencer.
Bonne journée...

Golem dijo...

Maya:

Gracias por tu comentario y por pasar por aquí. Animo en tu blog. Nos vemos en el Cabaret Voltaire.

Elena Rius dijo...

Sólo un apunte: el cuadro en cuestión no existe, ni en el Louvre ni en ningún lugar, es pura invención del autor. Mayor mérito, desde luego, porque consigue hacer creer al lector lo contrario.