viernes, 12 de noviembre de 2010

"El poder del perro", de Don Winslow


Son inexplicables los mecanismos que nos llevan de unos libros a otros. Me había negado al principio a leer este libro. Por la razón que fuera me parecía que iba a ser por un lado excesivamente violento y por otro, el típico best-seller, fruto sobre todo de la promoción publicitaria. Sin embargo, por alguna recomendación externa, pese a venir últimamente de lecturas más reposadas y breves (Michon, Modiano o Walser), decidí asomarme al libro.

El resultado, las más de 700 páginas han caído fulminantemente. Droga pura. Engancha desde el principio. Brutal. Don Winslow escribe la crónica de la lucha contra el narcotráfico en México a través de varias décadas y lo enlaza con la historia reciente de buena parte de Latinoamérica y en particular, con las relaciones políticas, económicas y militares con Estados Unidos. Por la novela pasan las distintas guerrillas centroamericanas, el sandinismo, las operaciones encubiertas de la CIA, la contra colombiana, las Farc, Chiapas, y por supuesto, las complejas relaciones entre narcotráfico y policía, entre el poder nominal y el poder real. Todo ello narrado a través de la visión de unos personajes verosímiles que son arrastrados por la historia a un ritmo vertiginoso. Y aunque es cierto que la violencia es enorme (la publicidad ya dice que El Padrino a su lado es un cuento de niños), no sé si el propio libro vacuna a las pocas páginas o si ya estoy más que vacunado por los Telediarios. "El poder del perro" es bastante más que un thriller de aventuras. Es la crónica de varias décadas de evolución del narcotráfico, desde Nueva York a Medellín, pasando por Hong Kong, desde 1975 hasta 1997. Y es sobre todo una lección de historia contemporánea de Méjico.


En la mejor tradición de empezar con un terremoto, la novela se inicia con un prólogo que sucede en 1997, en El Sauzal, Estado de Baja California, México:

"El bebé está muerto en brazos de su madre.


A juzgar por la forma en que yacen los cuerpos (ella encima, el bebé debajo), Art Keller deduce que la mujer intentó proteger al niño. Debía de saber, piensa Art, que su cuerpo blando no podría detener las balas (de rifles automáticos, desde esa distancia), pero el movimiento debió de ser instintivo. Una madre interpone el cuerpo entre su hijo y quien quiere hacerle daño. Así que se dio la vuelta, se retorció cuando las balas la alcanzaron, y después cayó sobre su hijo.


¿De veras creía que podría salvar al niño? Tal vez no, piensa Art. Tal vez no quería que el niño viera surgir la muerte del cañón del arma.

Tal vez quería que la última sensación del niño en este mundo fuera la de su pecho. Envuelto en amor. "


Y para llegar ahí, a esa brutal escena, Winslow retrocede en el tiempo, para empezar en 1975, en el Estado de Sinaloa, con una DEA recién creada. México como Vietnam:


"Las amapolas arden.


Flores rojas, llamas rojas.


Solo en el infierno, piensa Art Keller, las flores son de fuego.


Art está sentado en una cresta sobre el valle en llamas. Mirar hacia abajo es como contemplar un cuenco de sopa humeante. No ve con claridad a través del humo, pero lo que distingue es una escena surgida del infierno.


Jerónimo Bosch plasma la Guerra contra las Drogas.


Los campesinos mexicanos corren delante de las llamas, aferrando las escasas posesiones que han podido reunir antes de que los soldados prendieran fuego al pueblo. Los campesinos empujan a sus hijos hacia delante, cargados con sacos de comida, fotografías familiares compradas a buen precio, mantas y algo de ropa. Sus camisas blancas y sombreros de paja (manchados de amarillo a causa del sudor) les dan la apariencia de fantasmas entre la bruma de humo.


Salvo por la ropa, piensa Art, podría ser Vietnam."
 
 
En el fondo esta es la historia del libro, la crónica de unas vidas atrapadas entre el poder de los narcos y el poder de los que los combaten, tanto a nivel individual como a nivel colectivo. Una crónica soberbia. Una novela coral, múltiple, perfectamente engranada. Excelente.


PD:  Ya que últimamente ha salido alguna vez la importancia de la traducción, me permito señalar una cuestión. La novela de Winslow toma su título de una cita de la Biblia que aparece antes del texto:

En el original americano (visto en Amazon):

"Deliver my soul from the sword; my love from the power of the dog."  Salmos 22:20


En la versión publicada en España:

"Libra mi alma de la espada, mi única vida de las garras de los perros". Salmos 22:21



Aunque la numeración es distinta, corresponden al mismo versículo. Sin embargo, al no publicarse la versión original, no se establece la relación entre el salmo y el título del libro. Por coherencia, el libro debería titularse "Las garras de los perros". O al menos se debería haber publicado la versión original del Salmo. Creo que la solución adoptada no es la más lógica porque se pierde esa vinculación.

Pero sin perjuicio de esta pequeña cuestión, la traducción en conjunto resulta más que correcta.

4 comentarios:

Jose Ignacio Escribano dijo...

Fab - Tu reseña me anima mucho a leerlo. Lo tengo pendiente en mi estantería desde hace ya más de un año e imagino que tendré que buscarle un hueco para leerlo pronto a pesar de sus 700 páginas. Muy interesantes tus comentarios sobre el título del libro.

Carmina dijo...

Me apetece mucho el libro, pero su grosor ahora es un impedimento, no obstante lo apunto, para futuras lecturas

Goizeder Lamariano Martín dijo...

Me ha gustado mucho tu reseña. Tengo muchas ganas de leer este libro porque he descubierto hace muy poco al autor, cuando la editorial me mandó el último libro de Don Winslow, El invierno de Frankie Machine, que me sorprendió, impactó y gustó muchísimo. Además me invitaron a la presentación del libro en Madrid y el autor me pareció genial en persona. Así que no tengo excusa para no leer este libro. Saludos.

Cuéntate la vida http://cuentatelavida.blogspot.com

SUSANA dijo...

Es definitivo, instalaste una comezón por ese libro. El tema de Winslow entrelaza la misma historia política y económica de América, de una punta a la otra.

Muy buena (y picante) reseña, Golem!
Un abrazo y mi agradecimiento Amigo!