sábado, 27 de septiembre de 2008

"Coule la Seine", de Fred Vargas



Siempre me ha gustado la novela negra, pero hacía tiempo que no leía demasiada. Aunque Donna Leon se había quedado como un hilo conductor que mantenía viva la llama, la verdad es que me había desconectado un poco del género. Este verano he descubierto a tres grandes autores. Dos de ellos ya han salido en este blog (Connelly y Vargas), y del tercero (Mankell), espero escribir pronto. Hoy vuelvo a Fred Vargas.



Compré en Brest esta pequeña recopilación de tres historias breves (Salut et liberté, La Nuit des brutes y Cinq francs pièce), donde vuelve a aparecer el Comisario Adamsberg y su mundo. Lo he leído en francés, y la verdad es que todavía me ha gustado más. Es una pena no poder leer siempre en idioma original. Volviendo a las historias, tal vez la constante más clara de las tres es la presencia permanente del "clochard", del vagabundo. En particular, la tercera narración es una pequeña maravilla.



En Salut et liberté, Vasco, un sastre de profesión sin trabajo y "clochard", elige domicilio en el banco frente a la comisaría, y pasa sus días observando a los que entran y salen del edificio. Danglard, compañero de Adamsberg y buen aficionado al vino blanco, opina que hay que echar al viejo porque le molesta y además no puede evitar darle dinero cada día. Adamsberg, por su lado, no considera que sea un problema y le interesa el personaje. Cuando se recibe una carta anónima sobre un asesinato, el comisario establece un vínculo inmediato y empieza su investigación como siempre, más imaginando que estudiando, divertido por las cartas que pasa a esperar con impaciencia.


En La Nuit des brutes, que no es otra que la noche de Navidad, el comisario prevé que en los próximos días se descubrirá un crimen, lo que acaba sucediendo. "Aussi, si les gens ne faisaient pas toute une histoire avec Noël, il y aurait moins de tragédie. Ils sont déçus, les gens, forcément. Et ça fait des drames."


Por fin, en Cinq francs pièce Adamsberg se interesa por un vagabundo, Pi, que no tiene más compañía que Martin, un carro de supermercado lleno de esponjas (9732 esponjas) que se esfuerza en vender a cinco francos la unidad. En la boca de metro donde duerme, asiste a un intento de asesinato de una mujer con un abrigo blanco de piel, que resultará pertemnecer al Ministerio del Interior. Pero el hombre no querrá hablar porque no quiere dinero, quiere vender sus esponjas, pero una a una, a 9732 personas. Adamsberg le dará la solución. Le cederá un muro donde cada vez que venda una esponja, el vagabundo escribirá el nombre del comprador.



"D'ici six mois, tu auras un grand mur couvert de noms, une sorte de gigantesque manifeste des acheteurs d'éponges, un rassemblement, presque un monument.......Ça leur fera de la compagnie, et un peu d'existence. C'est déjà pas mal."



Las ilustraciones de Baudoin, uno de los clásicos de la Bande Dessinée francesa son también muy buenas y acompañan perfectamente al libro.











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2 comentarios:

José Luís Romero dijo...

Hola, me presento. Soy Jose Luis Romero, barcelonés, y acabo de publicar mi primera novela, una novela negra, con tiros y todo, que transcurre en la Barcelona actual. ¡Que miedo!
Os dejo (con vuestro permiso) un pequeño extracto y la dirección de mi blog blog.

...En una ciudad tan populosa y cosmopolita como Barcelona en cualquier lugar hay broncas, en cualquier momento se comenten asaltos o te topas con borrachos al volante. Y la noche es otro país con otro idioma, donde predomina la palabra gruesa, el gesto seco y donde campan a sus anchas los pirados que se dedican a incendiar coches y contenedores para divertirse. A esas horas el peligro y la violencia aumentan exponencialmente, sobre todo en el centro. Por algo Las Ramblas se encuentra en el ranking de las diez calles más peligrosas del mundo....
...Otra cosa era el resto de la Plaza y sus aledaños, donde se movía otro tipo de ambiente. Un batiburrillo de gente de la más baja extracción se daba cita también allí. Los bancos públicos y los suelos estaban ocupados por una variopinta hueste antisocial: gente sin patria ni techo, pedigüeños, camellos, borrachos, drogadictos, liendrosos, feos y los más guarros de Barcelona y otras ciudades europeas se congregaban cada noche entorno al sembrado de terrazas más caras de la Barcelona cosmopolita, una milicia que había renunciado al amansamiento impuesto por el sistema y había asumido el extremismo social como forma de vida...
Extractado de SIEMPRE QUISE BAILAR COMO EL NEGRO DE BONEY M...

http://minovelanegra.blogspot.com/

Francisco Ortiz dijo...

Interesante, muy interesante. Cuando Savater recomienda con tanto ardor que se lea a Fred Vargas, por algo será. Estas tres historias parece que poseen algo sutil que atrae. Habrá que acercarse Chez Vargas. Un saludo.