Creo que me reafirmo en la idea de la irregularidad de Mankell, pero esta vez en positivo. Así como me pareció floja "Los perros de Riga", la tercera entrega de la serie Wallander es magnífica. Mankell refeja en esta novela, por primera vez, la que me parece que es una de sus obsesiones, Africa, continente en el que pasa gran parte de su tiempo, en concreto en Maputo, capital de Mozambique.
El argumento se basa en la investigación de un asesinato brutal y aparentemente inexplicable en Suecia, en el territorio del inspector, ligado a la preparación de un atentado contra un líder africano, en la Sudáfrica inmediatamente previa al final del apartheid. Con claras reminiscencias del "Chacal" de Forsyth, la novela está muy bien construida, y los saltos espaciales entre las dos tramas, que apenas se entrecruzan, están bien resueltas. Los personajes son cada vez más sólidos, y en particular, el de Wallander, que con sus contradicciones, sus actos inesperados, sus complejas relaciones familiares y sus debilidades , resulta cada vez más creíble.
Mankell mantiene una relación apasionada con el continente africano. Vive en Mozambique seis meses del año y ha fundado allí una compañía teatral que apoya desde hace años. "Estar allí me hizo mejor persona, mejor europeo", ha dicho alguna vez. Esa pasión es la que aparece en el libro, al reflejar los personajes africanos, en especial el del primer asesino, Víctor Mabasha.
Sin duda, habrá que seguir leyendo a Mankell.



Links: A una entrevista en inglés de Mankell sobre Africa:

