Volvemos de Bretaña, de visitar a nuestro hijo en un viaje rápido. Y como siempre, volvemos encantados de ese paisaje que tiene algo de mágico, de profundamente misterioso. Y aunque en otra entrada próxima habrá que hablar sin duda del mar, dejarme que esta vez empiece por el bosque.
Bretaña está llena de árboles especiales, integrados en bosques llenos de leyendas y de magia, como los de Huelgoat o Broceliande. Desde la tradición druídica al ciclo artúrico, los árboles centenarios de Bretaña han sido uno de los pilares de esa fuerza casi telúrica que sostiene al pueblo bretón. Cuando uno se aleja un poco de la costa, empieza a encontrar enseguida rincones escondidos, bosques pequeños que enseguida se vuelven densos y misteriosos o bosques amplios e inmensos como los antes nombrados, llenos de hayas y robles cuyas raíces se hunden en la noche de los tiempos celtas. La humedad del terreno crea una atmósfera especial, ya que el musgo invade la tierra, colorea las piedras y da a los árboles un aspecto de belleza serena y eternidad. Hay entonces que apoyar las manos en los troncos poderososos y dejarse invadir por la energía lenta de los árboles. Dicen que entonces, ellos absorben nuestra energía negativa y nos transmiten parte de su serenidad, su lentitud y su sabiduría, ayudándonos a renacer. Pero hay que saber escucharlos, respetarlos y amarlos.
Olivier Hamery ha escrito un bello libro reportaje sobre árboles remarcables de Bretaña. Vale la pena el libro, pero sobre todo vale la pena pasear Bretaña. No os la perdáis.
Links:
Al bosque y caos de Huelgoat, donde se encuentra la Gruta del Diablo, dicen que una de las entradas al Infierno:
http://fr.wikipedia.org/wiki/Huelgoat
Al bosque de Broceliande y al Centro de estudios y leyendas artúricas que allí se ubica: