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domingo, 3 de octubre de 2010
"El caballero inexistente", de Italo Calvino
Tercera entrega de la trilogía de “Nuestros antepasados”. El protagonista es un caballero de la Corte de Carlomagno, llamado Agilulfo Emo Bertrandino de los Guildivernos y de los Otros de Corbentraz y Sura, Caballero de Selimpia Citerior y Fez.
(Si se me permite una digresión, al leer ese nombre no pude evitar acordarme del genial Luis Sánchez Polack , “Tip”, ya que Calvino le ha puesto al caballero un nombre digno de alguno de los santos varones surrealistas que el humorista nos presentaba en las mañanas de la radio con Luis del Olmo. Los que ya tenemos cierta edad, seguro que nos acordamos. )
Volviendo a la novela, la base de la historia es que ese caballero de largo nombre no existe, al menos en el sentido material, ya que dentro de la armadura no hay nada, está vacía, es una simple conciencia sin cuerpo. Y a partir de ahí Calvino juega con todos los conceptos, la conciencia, la corporeidad, el ser o no ser, la base de la existencia, etc,…, siempre con un tono entre irónico y pesismista. Por ejemplo, la inexistencia de necesidades corpóreas convierte al caballero en el único personaje disciplinado de la Corte, generando la animadversión del resto de los caballeros, entregados. Introduce también Calvino otros personajes para que sirvan de contraste, en particular al escudero Gurdulú, ser con cuerpo pero sin conciencia de sí mismo. Podemos encontrar aquí una vuelta de tuerca más a las figuras de Quijote y Sancho. Al final, el caballero se desvanecerá y el autor nos dejará con un sabor bastante más amargo y pesimista que el que había quedado después de “El barón rampante”.
Es un digno final a la trilogía, aunque tal vez sea la que menos me ha gustado de las tres novelas
Resulta curioso como este libro y en general, el conjunto de las tres historias, se han convertido en libros para todos, que tan pronto son utilizados como libros de lectura escolar, como son publicados como objetos artísticos de culto por editoriales de lujo como la italiana FMR. Sin duda pone de manifiesto que la trilogía permite múltiples y muy variadas lecturas.
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viernes, 27 de agosto de 2010
"El barón rampante", de Italo Calvino
Después de publicar en 1952 "El vizconde demediado", y tras el enorme éxito conseguido, Calvino publica en 1958 la segunda parte de la famosa trilogía dedicada a "Nuestros antepasados" (I nostri antenati). La novela, absolutamente apasionante y con mucha mayor madurez que la ya apuntada en "El vizconde demediado", es un manifiesto a favor de la libertad personal y a la capacidad del propio individuo para cambiar el mundo.
El 15 de junio de 1767, a los doce añosde edad, Cósimo Piovasco de Rondó, futuro heredero de la baronía de Rondó, en protesta hacia las imposiciones de su familia, decide subirse a un árbol para no bajar jamás. Y cumplirá su palabra, transcurriendo su larga vida a partir de ese momento por las copas de los árboles. Y en los árboles conocerá el amor y el desamor, estudiará, leerá, cazará, se relacionará con bandidos y con turcos, se hará masón, conocerá a Voltaire y a Napoleón, y muchísimas cosas más que vale la pena descubrir en el libro.
Como he encontrado en la red una magnífica y breve reseña de Juan Manuel Santiago, prefiero dejaros el link. Vale la pena leerla. Os dejo una muestra: "No sé cuál pueda ser el defecto de El barón rampante, si es que tiene alguno. Tal vez, que ya nunca podré volver a leerlo por primera vez, sentir esa sensación de que, al igual que Cósimo allá en lo alto de los árboles, cada hoja es un mundo por descubrir, un terreno sin vuelta posible en el largo e intrincado camino hacia la madurez."
La novela es una delicia absoluta. Lamento haber tardado tanto en leerla, pero a la vez, he podido disfrutar de leerla ahora por primera vez. Para completar el post, os dejo algunas frases del libro. Como siempre, la selección es absolutamente subjetiva y arbitraria::
"Mientras que el nuestro, de mundo, se achataba allá al fondo, y nosotros teníamos formas desproporcionadas y desde luego no entendíamos nada de lo que él sabía allá arriba, él se pasaba las noches escuchando cómo la madera llena con sus células los anillos que señalan los años en el interior de los troncos, y cómo los mohos aumentan su mancha con el cierzo, y con un estremecimiento los pájaros dormidos dentro del nido esconden la cabeza allí donde es más blanda la pluma del ala, y se despierta la oruga, y se abre el huevo del alcaudón."
"Comenzó en esa época a escribir un Proyecto de Constitución de un Estado ideal fundado sobre los árboles, en el que describía la imaginaria República de Arbórea, habitada por hombres justos."
"- Mi hermano sostiene - respondí -, que quien quiere mirar bien la tierra debe mantenerse a la distancia necesaria - y Voltaire apreció mucho la respuesta."
Y el final.
"Así desapareció Cósimo, y no nos dio siquiera la satisfacción de verlo volver a la tierra muerto. En la tumba de la familia hay una estela que lo recuerda con el escrito: «Cósimo Piovasco de Rondó - Vivió en los árboles - Amó siempre la tierra - Subió al cielo.
De vez en cuando interrumpo lo que escribo y voy a la ventana. El cielo está vacío, y a nosotros los viejos de Ombrosa, acostumbrados a vivir bajo aquellas verdes cúpulas, nos daña los ojos mirarlo. Se diría que los árboles no han resistido, después de que mi hermano se marchó, o que los hombres han sido presa de la furia del hacha. Además, la vegetación ha cambiado: no más acebos, olmos, robles: ahora África, Australia, América, la India alargan hasta aquí ramas y raíces. Las plantas antiguas han retrocedido hacia lo alto: en las colinas los olivos, y en los bosques de los montes, pinos y castaños; más abajo la costa en una Australia roja de eucaliptus, elefantesca de ficus, plantas de jardín enormes y solitarias, y todo el resto son palmeras, con sus mechones despeinados, árboles inhóspitos del desierto.
Ombrosa ya no existe. Mirando el cielo despejado me pregunto si en verdad ha existido. Aquella profusión de ramas y hojas, bifurcaciones, lóbulos, penachos, diminuta y sin fin, y el cielo sólo en relumbrones irregulares y recortados, quizá existía solamente para que pasase mi hermano con su ligero paso de chamarón, era un bordado hecho sobre la nada que se asemeja a este hilo de tinta tal como lo he dejado correr por páginas y páginas, atestado de tachaduras, de remisiones, de borrones nerviosos, de manchas, de lagunas, que a ratos se desgrana en gruesas uvas claras, a ratos se espesa en signos minúsculos como semillas puntiformes, ora se retuerce sobre sí mismo, ora se bifurca, ora enlaza grumos de frases con contornos de hojas o de nubes, y luego se atasca, y luego vuelve a enroscarse, y corre y corre y se devana y envuelve un último racimo insensato de palabras, ideas, sueños, y se acaba."
Links: A la reseña citada de Juan Manuel Santiago:
http://www.bibliopolis.org/resenas/rese0074.htm
jueves, 1 de julio de 2010
"El vizconde demediado", de Italo Calvino

Primer volumen de la trilogía “Nuestros antepasados”. No lo leí en su día y ha sido un pequeño placer descubrirlo ahora. El vizconde Medardo queda partido por la mitad por una bala de cañón. Pero no solo quedará demediado en lo físico, sino que en una de sus dos mitades se alojará el bien y en la otra el mal. Pero no todo será tan simple como parece, porque también un exceso de buenismo puede resultar contraproducente.
En el prólogo a la que fué la primera obra no realista del autor, Calvino escribe: "Cuando empecé a escribir El vizconde demediado quería ante todo escribir una historia entretenida para entretenerme yo mismo, y, si acaso, para entretener a los demás; tenía la imagen de un hombre partido en dos y pensé que ese tema del hombre partido en dos, del hombre demediado, era un tema significativo, con significación contemporánea: todos nos sentimos de alguna manera incompletos, todos realizamos una parte de nosotros mismos y no la otra [...] Para diferenciar las dos mitades, me pareció que con una mala y con otra buena conseguía el mayor contraste".
A ratos divertida, a ratos cruel, “El vizconde demediado”es una fábula moral y tal vez política, que vale la pena leer. Habrá que seguir con los otros dos títulos de la trilogía: “El barón rampante” y “El caballero inexistente”.

viernes, 21 de mayo de 2010
"La especulación inmobiliaria", de Italo Calvino

Había buscado bastante tiempo este libro que leí hace muchos, muchos años y que había perdido en algún traslado, o tal vez le dejé a alguién y nunca volvió. Me alegré de verlo recién reeditado y he vuelto a leerlo con ansiedad. Primero y sobre todo, porque Calvino me parece desde siempre un escritor excelente. Segundo, porque el tema no puede estar más de actualidad.
La novela cuenta la historia de un militante o ex-miltante comunista que vuelve a su pueblo de la costa, para sumarse al proceso de edificación que se está produciendo en el pueblo, como resultado del boom turístico, a modo de los Cullera o Gandía en los años 60. Pequeño especulador, tropezará con un constructor que le acabará liando en un cambio de obra que por supuesto, acabará mal. A partir de ahí, un desfile de personajes muy entretenido, desde la familia (buenísimo el papel de la "mamma" y del hermano funcionario) a los profesionales relacionados (abogados, notarios, etc,..). Todo muy italiano, con esa mezcla de "finezza" y vulgaridad tan típica.
El resultado, leído hoy, es pese a todo menos rotundo de lo que esperaba o recordaba. Escrito en 1957, refleja un mundo inmobiliario casi naif, nada que ver con la historia reciente. Y la aproximación de Calvino es demasiado militante, la del intelectual próximo todavía al PCI, con una visión un tanto ingenua de la realidad, el final sobre todo. Pese a ello es divertido en algunos momentos, y muy instructivo. Debería ser de lectura obligatoria en algunas escuelas de negocios.
Pero me sigo quedando con el Calvino que prefiero, el de los barones rampantes y los vizcondes demediados, el de si una noche de invierno un viajero. Y sobre todo, con uno de mis libros preferidos de siempre, que ese sí que debería ser de lectura obligatoria para todos los estudiantes de urbanismo, "Las ciudades invisibles".
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