miércoles, 29 de diciembre de 2010

"Todo es silencio", de Manuel Rivas


Hacía tiempo que no leía a Manuel Rivas. Si hago inventario consultando los registros de mi semicaótica biblioteca, creo haber leído "Ella, maldita alma", "En salvaje compañía", "Que me quieres, amor" (donde se incluía el relato de "La lengua de las mariposas") y "El lápiz del carpintero". Y siempre me gustó su forma de escribir, un tanto impresionista, a base de retazos, de imágenes, de diálogos breves y concisos, con la presencia permanente de su Galicia impregnándolo todo.

He llegado ahora a este "Todo es silencio" y se me confirma la idea del gran escritor que es Rivas. Con una prosa precisa y poética a la vez, compone un fresco en dos etapas de la transformación de las tradicionales redes de contrabando de la costa gallega, al mundo del narcotráfico. Para ello, cuenta la historia de tres adolescentes, Fins, Leda y Brinco, que pasarán de los juegos de la adolescencia a la dura realidad de la madurez, que los enfrentará irremediablemente. Todo ello, siempre, bajo la presencia "odiosa y fascinante" de Mariscal, el patrón, el señor de Brétema.

La novela está construida en 45 pequeños capítulos, a modo de pequeñas escenas, casi pinceladas impresionistas, que nos van llevando por la geografía y la historia de Brétema (niebla en gallego), población inventada pero no ficiticia, donde se cruzan todas las tramas. La novela transcurre en dos momentos, con quince años de distancia, y los títulos de esas partes no son casuales. Primero "El silencio amigo", recreación de la adolescencia, del despertar al mundo, en el que todo se ve como aventura, con una mirada aún admirativa, ingenua, en el que el silencio tiene un sentido casi lúdico. Pero un accidente romperá el mundo de la adolescencia, separando el camino de los tres jóvenes, y al regreso nada será igual. Después, en la segunda parte, "El silencio mudo", el silencio tiene ya más relación con el miedo, con la presión, con el chantaje o la delación. El narcotráfico lo ha corrompido todo y hace que nadie pueda quedar totalmente al margen. Y el desenlace pondrá de manifiesto precisamente esa imposibilidad de inocencia, de aislamiento.

Destaca en particular en la obra, por encima incluso de los tres protagonistas, la figura de Mariscal, patriarca, jefe, patrón, señor todopoderoso de almas y haciendas, evolucionado desde el contrabando de tabaco a la droga, pero sobre el que Rivas mantiene una actitud algo ambigua, pues pese a presentarlo como el culpable de todo lo que sucede, le dota de algunos aspectos de grandeza y cierta sabiduría que tienden a mitificarlo. Pero si quizás desde el punto de vista moral puede resultar ambiguo, funciona perfectamente desde el punto de vista literario.

También aquí, como en la Sicilia de Camilleri de la que hablaba hace unos días, se mezcla el poder, la corrupción, la policía. Y también el silencio lo es todo. Pero la luz es distinta y la luz lo marca todo. El Atlántico no es el Mediterráneo y la melancolía, la tristeza es más profunda. Y también la lengua, el idioma desde el que escribe Rivas es distinto, es el del mar gallego y es el de una profunda poesía que invade su prosa en muchos momentos, haciendo que valga la pena disfrutar de la pura literatura, que se inserta perfectamente en el tono de la historia.

Algunas muestras:


"La gran playa de Brétema tenía forma de media luna. En la parte sur se ubicaba el barrio marinero de San Telmo, que creció como injerto de la aldea que fue cuna de todo, A de Meus, con sus pequeñas casas de piedra y puertas y ventanas de pinturas navales. (...) El extremo norte, con la linde natural del río Mor y su juncal permanecía aún virgen. Era una zona de dunas, las más antiguas con abundante vegetación a sotavento, donde predominaba la paciencia verde azulada del cardo marino. La primera línea de médanos rompía en escarpa, allí donde batía la la vanguardia de la tempestad. En la cumbre de estas dunas, ceñidos con la cabellera de las gramas, se alzaban en cresta, a contraviento, los tallos punzantes del barrón. Más al norte, protegida por una coraza natural de rocas, había otra playa de apariencia más secreta. Pero quien siguiese la pista, después de un pinar en la retaguradia de dunas grises y muertas se hallaría con el portón blasonado y con los muros del pazo de Romance."


"Es un hermoso día de primavera en la costa. Soleado pero también ventoso.El viento solano no sólo riza el mar sino que por primera vez, después del largo invierno, parece querer alejarlo de tierra, con rachas que peinan en aspa la superficie. Sacude los verdes todos con voluntades cruzadas. Pero es un viento que alienta luz, una sucesión de resplandores,..."


"Dos reyes...celtas, por ejemplo, juegan al ajedrez en lo alto de una colina mientras sus tropas combaten. Pero el combate acaba y ellos siguen jugando la partida. Me gusta mucho esa imagen. Tu eres un rey, Brancana. Tu estás en lo alto. ¡Que luchen los peones!"

Lo dicho. Una gran novela.


PD: No puedo evitar hacer referencia a la polémica que ha surgido por el uso de Brétema como la localidad donde transcurre la novela. Brétema es también la localidad donde ha ido escribiendo y localizando parte de su obra la también magnífica escritora gallega Marina Mayoral. Si alguien tiene interés en el tema, que afortunadamente ya parece zanjado, y que hará que posiblemente no parezca ya ese nombre en las próximas ediciones del libro de Rivas, dejo un enlace puntual. Creo que la polémica se salió un poco de madre, y que los más sensatos han sido precisamente los dos escritores.

http://www.alfaguara.com/es/libro/todo-es-silencio/comentarios/pagina/2/


3 comentarios:

Goizeder Lamariano Martín dijo...

Me ha encantado tu reseña y me han entrado unas ganas tremendas de leer el libro. Lo tengo apuntado y espero leerlo en 2011. De Manuel Rivas he leído El periodismo es un cuento y El lápiz del carpintero y los dos me gustaron mucho. Es un escritor muy especial. No conocía la polémica sobre Brétema, gracias por la información. Un abrazo.

Cuéntate la vida http://cuentatelavida.blogspot.com

Jose Ignacio Escribano dijo...

Celebro que te haya gustado. Ahora estoy más interesado aún si cabe en leerla.

Laura Uve dijo...

Me gusta bastante Manuel Rivas, "El lápiz del carpintero" es uno de mis favoritos y tengo otro en espera, "Los libros arden mal".
Este fin de semana he leído una entrevista (creo recordar que en la Revista de El País) y comentaba que Galicia no se convirtió en Sicilia gracias a la reacción de las madres en contra de la droga... Me pareció interesante la entrevista y sumada a tu completa entrada, creo que leere esta nueva novela.

Un abrazo.