lunes, 13 de abril de 2009

"El alma de la ciudad", de Jesús Sánchez Adalid

La literatura y la vida.

Hace unas pocas semanas Asun y yo decidimos escaparnos unos días para conseguir un poco de paz, buscando tiempo para pasear y leer y sobre todo, desconectar de la presión del trabajo cotidiano y de los efectos de la maldita crisis. Siempre nos han gustado los Paradores y últimamente nos tiene deslumbrados el paisaje y la tierra de Extremadura, así que con un poco de suerte, conseguimos reservar en el de Plasencia, que aprovecho para recomendar vivamente.

Quiso la casualidad que días después empezara a leer el libro de Jesús Sánchez Adalid , "El alma de la ciudad", que transcurre precisamente en Plasencia, en los tiempos de su fundación por Alfonso VIII, primero como Ambrosía, y luego como Placencia. Y en las murallas del antiguo Convento de Santo Domingo terminé de leer la historia de Blasco Jiménez, arcediano de la ciudad, y protagonista principal de la novela. Así que, algo hechizado aún por las piedras y por el paisaje cercano, no puedo sino hablar bien de un gran libro.


"El alma de la ciudad" es afortunadamente, todo lo contrario del subgénero lamentable en que se está convirtiendo una parte importante de la novela histórica. Ni hay templarios, ni búsquedas de tesoros perdidos, ni fantasía desbordante. La novela es una hermosa reflexión sobre la vida y la libertad, sobre los caminos del bien y del mal, y sobre la culpa, el perdón y la resurrección. Aunque se nota mucho el hecho de que el autor es sacerdote, la novela está tan bien escrita, y la reflexión es tan oportuna y universal, que puede ser leída igual desde una perspectiva creyente o no. Además, el esfuerzo de erudición y realismo se integra tan bien con la propia narración, que se lee sin dificultad.



La literatura y la vida. A lo mejor si no hubiera leído el libro esos días no nos hubiéramos acercado a Coria, para ver una bonita ciudad monumental, una catedral bien conservada, y uno de los mejores museos catedralicios que he visto, no tanto por el tamaño, como por lo correcto de la presentación. Y no hubiéramos visto la reliquia del santo mantel, el que según la tradición se usó en la Santa Cena, y que tiene un papel importante en la novela.








Como otras veces, recojo algunas frases que me han gustado. Hay muchísimas más. Es un libro denso y profundo, que sin embargo, se lee con ligereza. Por tanto, mis frases son casi diría, aleatorias. Hablan de libros y del alma de la ciudad. Y recojo también la frase final, que puede leerse en muchas claves.


"Vivimos unos tiempos bárbaros. Siempre andamos en camino, errantes y con prisas. Los libros requieren asiento y el reposo suficiente para entregarse a ellos. Se necesita paz para dedicarse a la sabiduría. Pero con estas guerras constantes ........."


"Componía el conjunto -montes,ciudad y río- una visión hermosa. (...)

-Me gusta este lugar - comentó Don Bricio muy sonriente-. Se respira aquí la inocencia propia de los hombres entregados a sus labores. Mira esos huertos fértiles, esos ganados, esas montañas, el río... y la pequeña ciudad ahí, tan quieta. Sí, me agrada mucho este lugar."

"Con el paso del tiempo he llegado a comprender que cada ciudad guarda su misterio, su vida propia, su existencia autónoma, particular. Las ciudades no son piedras puestas unas encima de otras para guarecer a la gente. No, no son sólo viviendas de hombres. Las ciudades tienen su auténtica alma, y su exclusivo destino. En su interior anida la vida misma y ellas toman el espíritu de sus moradores. "


"Comprendía Blasco, como hombre sabio, que el camino de retorno no es fácil; como tampoco había sido el de ida. Pero, cuando nos hemos dado cuenta de esto, somos capaces de entrar en nosotros mismos y vernos libres de las garras de todo lo que puede aprisionarnos; de la mentira, de la soledad infinita, del miedo que tanto nos empobrece, de la desesperanza... Y de la mayor oscuridad, que es no ser capaz de ver más allá; esa triste falta de fe..."



Para terminar, creo que hay que recomendar además de la ciudad, los alrededores (maravillosos valles del Jerte y de la Vera), y además, aprovechar la ocasión para visitar Yuste, y contemplar y entender el lugar donde acabó sus dias el emperador Carlos.



Links:

"Qué descansada vida / la del que huye del mundanal ruido....",

En Yuste descubro que los hermosos versos de Fray Luis de León, estaban dedicados al emperador. Y me parece leerlos por primera vez.

5 comentarios:

Cornelivs dijo...

Quisiera tener todo el tiempo libre del mundo para leer, ya lo creo Fab.

Tienen muy buena pinta esos libros.

Y hablando del alma de la ciudad, yo me pregunto: ¿Las ciudades tienen alma?

Un abrazo...!

SUSANA dijo...

En un rápido flash, me trajiste a la memoria el "Bomarzo" de Manucho Mujica Láinez, libro que comencé y aún no termino.Sobre todo por "el alma de las cosas" que menciona Manucho.

Propuesta literaria y reflexión interesantísima, en forma de Post!

También como le sucede a Cornelivs, quisiera tener más tiempo para leer.

Muchas Gracias Amigo! Me voy con ese valor agregado, que siempre y toda vez encuentro en tus entradas.

Un enorme Abrazo!

Isabel Romana dijo...

¡Cuánta razón tiene el autor al decir que las ciudades tienen alma! Yo así lo creo. Pero no es independiente de sus moradores, sino que se forma con aquello que los moradores le entregan a través de los siglos. Me has echo envidiar esas pequeñas vacaciones... Un abrazo enorme.

Carmina dijo...

algunas veces me quejo del poco tiempo que tengo para leer y de como arrastro los libros en el tiempo, si pudiera comprar un poco de tiempo extra lo dedicaria a esta pasion, la lectura... apunto el titulo me ha parecido interesante..

Anónimo dijo...

la verdad esque placencia es maravillosa . yo si no pasa nada en una semanita alli otra ves i desconectar del mundo actual